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Sucedió hace algunos meses, acababa de contratar el internet de Infinitum y tuve la desgracia de dejar caer líquido en la caja, llamé a un tío al que le ayudo en la oficina que si me prestaba la caja de infinutum de la oficina ya que de todas formas era viernes y regresabamos a trabajar hasta el lunes, por supuesto accedió y fui por ella.

Fui al despacho oficina y cuando iba a entrar de repente me entró un miedo terrible, se me había olvidado que antes que ser una oficina es una casa vieja justo en el centro de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México, ubicada cerca del parque Morelos.

Entré a la casa y me dirigí a nuestra oficina, ya que la casa cuenta con cinco oficinas, desgraciadamente la oficina de nosotros está casi al fondo, total me armé de valentía y entré casi corriendo, estaba totalmente oscuro y ninguna luz de la entrada quería prender, así que al llegar al despacho prendí la luz del pasillo y me introduje a la oficina.

Me metí y agarré la caja con el cargador y los metí en la mochila, pero de repente me dieron unas ganas tremendas de ir al baño, el baño se encuentra junto al patio y de hecho la oficina se encuentra junto al patio ya que el patio está hasta el fondo, no necesitas caminar más de cinco metros para llegar, así que entré rápido. Justo cuando me lavaba las manos comenzó a sonar el teléfono de la oficina de nosotros, cosa que me extrañó ya que todos los clientes saben que a esa hora no hay nadie. El número era de otro estado, supuse que era el cliente de mi tío que hablaba desde Baja California y como es delicado decidí no contestar.

Tomé mi mochila, me la puse al hombro, apagué la luz de la oficina y cerré la puerta. El teléfono comenzó a sonar nuevamente, lo ignoré y cerré con llave la puerta corrediza de la oficina. Cuando apagué la luz del pasillo y quedó totalmente apagado todo conmigo hasta el fondo me dije “Tranquila, ya sabes que nada pasa, en la casa de arriba está la señora Carmelita (la que renta la casa) así que si gritas ella te ayudará”, en realidad es que le tengo más miedo a los vivos que a los muertos y siempre ando pensando que alguien se puede meter por ahí o cosas así. Total que comencé a caminar hacia ala salida y para mi terror comenzaron a sonar todos los teléfonos de todas las oficinas, me quedé petrificada tratando de escuchar pero no había ninguna duda, corrí al escritorio de la recepcionista y el teléfono decía “Número Privado”, corrí unos metros más hasta la puerta de salida, cerré y caminé rápido, terminé muerta de miedo entre que las luces de la entrada no prendían al principio y entre que los teléfonos comenzaron a sonar tenía el corazón acelerado. La historia la estoy escribiendo en estos momentos en la oficina, cuando hay gente es bastante agradable la casa pero cuando no hay es tan tenso el ambiente que ya no me gusta venir a trabajar sola los sábados.

EDITH

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