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Al duende lo descubrimos en la infancia como protagonista de muchos cuentos y desde entonces forma parte de nuestra vida. Es la más traviesa de todas las criaturas fantásticas porque se esconde entre las casas y lo reuvelve todo a su antojo.


Pueden divertirnos con sus travesuras o exasperarnos con su humor. El duende es el niño con cara de anciano y el anciano con cara de niño. Este ser pertenece a una clase de genios denominados “protectores”, función que en la antigua Roma tenían los lares, las divinidades protectoras del hogar.

En el folclore, esta función la cumplen los duendes, que aparecen normalmente vinculados a un único lugar, centro de sus travesuras, donde sirven a la vez de salvaguardia. Muchas leyendas narran la historia de un ladrón que entra en una casa a robar y es expulsado por el duende que vive en ella. En el folclore escocés, por ejemplo, dicen que el ghillie dhu busca a los nios perdidos en el bosque y los devuelve a su casa, y en Lincolnshire se encargan de esto mismo los duendes de Hyter.

En las crónicas medievales inglesas eran frecuentes los relatos que hablaban de los “niños cambiados”. Los changelings, duendes que robaban a los niños recién nacidos, los llevaban al País de las Hadas y se colocaban ellos mismos en su lugar. Según parece, esto se debía a su desdeo de ser cuidado por una mamá y a la envidia de las hadas, que se aprovechan de los duendes para llevarse a los niños cuando creen que están más protegidos, que es antes de su bautismo. Las madres notaban desde un principio que algo extraño sucedía, aunque no sabían exactamente qué era lo que había cambiado en su hijo. Luego veían que el rostro del niño se transformaba y adoptaba la expresión de un viejo, pero lo que en verdad les alarmaba era que el niño no crecía y no parecía levantar peso. Para lograr que el duende se marchara y su hijo quedara libre, las madres debían conseguir una confesión del duende y para esto se aconsejaban varios trucos: uno muy sutil consistía en preparar una rica comida a base de cerveza y esperar a que el duende le pidiera un poco, pocas veces estos seres se resistían a la tentanción de la cerveza; otro más efectivo, y a la vez más violento, consitía en quemar los peis del niño con una pala al rojo vivo. Al contacto con el fuego, el duende salía corriendo y huía por la chimenea. El problem era que había que estar muy seguro antes de utilizar este sengundo método, pues en alguna ocación más de una madre había quemado los pies de su propio hijo. Una receta muy recomendada para alejar a los duendes de las cunas de los niños es colocarles en la cabecera una cruz de madera, un trozo de madera de serbal o un objeto de hierro, normalmente unas tijeras, que se aconsejaban contra los malos espíritus.

En la descripción de los duendes hay una serie de rasgos coincidentes en la mayoría de las culturas: pequeños, de orejas puntiagudas, pelos de punta y expresión burlona. Junto al nombre genérico de “duende“, existen muchos otros, como los pixies de Somerse, los piskies de Cornualles, el bwa de Gales, el brownie de Escocia, el hobgoblin de Inglaterra, el puc de la literatura y el folleti de Italia.

Fuente: Blog de Mitologia

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61 comentarios para “Duendes: ¿Verdad o mentira?”

  • namsmwss dice:

    en mi escuela hay duendes pero diferentes tienen el cuepo negro y la cara blanca y ademas en mi esduala hey tumbas y desde ase dias nos asen cosas

  • iram dice:

    pues no les agas caso ademas solo para auyentar a los duendes es cortarte las piernas es un poco sadico no y pobres bebes ademas quedarian traumados de por vida pobresitos ya me imagino cuantas mamas devieron cortarles los pies a sus hijos

  • selena kaulitz dice:

    Eso de que te roben a tus hijos es horrible.

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