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Este relato fue contado por unos conocidos, dentro de una agradable casa de fresca madera, la señora Maria Fernández se acomoda en su sillón, bebe un poco de café y, después de un profundo suspiro, comienza su relato:


-Cuando yo tenía seis o siete años, acompañe a mi familia al terreno que le rentaban a mi padre, para que sembrara cacahuate, maíz o verdura. Teníamos que caminar cerca de tres horas para llegar hasta ahí, y mientras caminábamos, mis padres me daban consejos para que no me pasara nada malo en aquellos lugares, que en ocasiones se encontraban solitarios y los vivos aprovechaban para hacer sus fechorías, aunque la verdad a mi me daba mas miedo encontrarme con uno de los espantos que se les aparecen a la gente.
-¿Como cuales?- dije, interrumpiendo la narración.
La mujer me regalo una sonrisa y me respondió:
-Pues como el “sombreron”, el “nahual” o la “tishanila”.
-Por fin, después de mucho caminar, llegamos al lugar en donde realizamos nuestras respectivas labores; la hora de la comida llego y nos dispusimos a degustar nuestros alimentos que mi madre había preparado. Todo marchaba bien hasta que el bote, en donde llevábamos agua se encontró vacío; entonces mi padre me dijo que fuera al rió a llenarlo; así que me fui a llenar el recipiente, camine pensando en otras cosas, como en los caballos que mi tío había llevado a la casa la semana anterior, hasta que llegue al rió, baje con cuidado y sumergí el bote esperando que se llenara. De pronto escuche el ruido de alguien que lavaba su ropa, voltee y vi a una mujer, creo que parecía de 40 o 50 años y vestida completamente de rojo; su vestido estaba desgastado de la parte de abajo, su piel era blanca y su pelo parecía que un remolino había pasado por el. Era grande el canasto de la ropa que lavaba, y toda esa ropa era roja.

Me dijo -Hola, chunquita (quiere decir bonita) ¿vienes por agua?
-Si- le respondí
Ella me pregunto -¿Vienes con alguien mas o vienes sola? Porque por aquí esta muy solo.
Yo le respondí -Vengo con mis papas señora.
-¿Tu papa es el señor Fidencio?
-Si el me mando por agua- conteste, mientras sentía mas fuerte la mirada de la señora.
-Pues entonces será mejor que le lleves el agua yo lo voy a saludar después, al  fin que el viene aquí muy seguido.

-Fue entonces cuando me cayo el veinte, pues mi padre me había comentado que nadie iba por allá y que una vez que lo acompaño uno de sus amigos y que fue al rió por agua, vio la misma mujer que caminaba sin tocar la arena y vestía de rojo.Salí corriendo, mientras escuchaba como la mujer cantaba algo, el camino me pareció eterno, corrí y grite como nunca antes lo había hecho. Esto hizo que mi padre fuera a mi encuentro armado con su machete y mi madre corría detrás de el.

-¿Que te paso hija?
-Acabo de ver a la señora de rojo que el otro día vio tu amigo.

-Fuimos de nuevo al lugar y para sorpresa la mujer ya no estaba no había señal alguna de que alguien estuviera lavando ahí. Poco después cuando llegamos a la casa me dijeron que esa mujer era conocida como: la tishanila que es una especie de duende que se les aparece a todos los que van solos al rió. Y que nunca le ha hecho daño a nadie solo que cuando se daban cuenta de que era un espanto salían corriendo.
Maria termino su relato.

La tishanila es descrita como una mujer blanca vestida de rojo y completamente despeinada, es la pareja del duende conocido como el sombreron espero y este relato les guste.

COLABORACIÓN DE: Karla

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