Las luces de la ciudad centellaban a lo lejos y la penumbra de la noche solo hacía más vívido el espectáculo. Con la cabeza apoyada sobre su asiento miraba fijamente el horizonte a través de la ventana, la lluvia golpeteaba y escurría por la misma agregándole un toque poético al ambiente. El tren avanzaba a una velocidad media, el rechinido de la maquinaria sonaba distante, opacado por los incesantes relámpagos que partían el cielo. Su pensamiento, sin embargo, se encontraba en otro lugar, uno muy distante.
Mientras fijaba su vista hacia los parpadeantes pórticos de las casas que se alejaban, Jessica daba un largo repaso a todo lo que dejaba atrás: la familia, los amigos, su casa, sus negocios; las imágenes en su cabeza pasaban como en un rollo de película convirtiéndose en una corona de espinas aderezada con nostalgia y melancolía. Pero, de alguna manera, todo aquello le parecía tan trivial al momento de recordar el motivo por el cual compró el boleto del asiento 3A del quinto vagón.
Jessica es una joven como pocas, emprendedora, liberal, objetiva, inteligente, dotada de una visión pragmática para los negocios y sobre todo, un encanto natural para la actuación. Desde muy pequeña había mostrado rasgos impresionantes sobre los escenarios teatrales, e impulsada por su gran carisma y flamante belleza se había abierto paso en un mundo bastante competitivo. Hoy, a sus escasos veintiocho años, es socia mayoritaria de una importante agencia de talentos en su localidad, además, recién ha formado una pequeña casa productora con un par de amigos que monta algunas puestas en escena en localidades de escasos recursos; si bien no es una empresa muy lucrativa le da la satisfacción de poder ayudar a los jóvenes que, como ella, padecían algún trastorno. No era nada grave en realidad, de pequeña tenia esporádicos episodios de pérdida de memoria, y en la mayoría de los casos solo era algo temporal. El último caso que ella recuerda sucedió cuando solo tenía doce años.
De cualquier manera, la idea de ser una filántropa y trabajar en lo que más le apasionaba en la vida, la hacía mantener una sensación de satisfacción, orgullo y tranquilidad. Pero pronto esa tranquilidad se vería mermada por los extraños acontecimientos que se suscitarían en su apartamento.
Hace un par de años Jessica adquirió su nuevo departamento en las orillas de la mancha urbana, un nuevo complejo que se erguía majestuoso en las afueras de la ciudad. Su compra fue de las primeras en concretarse lo que le dio la oportunidad de conseguir el espacio más grande en lo alto de la torre norte del desarrollo, en el quinto piso, además de ser uno de los dos departamentos en contar con chimenea, cosa que le pareció bastante fastuosa al principio pero que, con el tiempo, podría dársele un buen uso.
En un principio sintió que era demasiado para ella sola, pero con el tiempo se percató que el espacio era insuficiente para acomodar la pila de guiones y facturas que su “pequeña” empresa generaba. No es que se quejara de la cantidad, sino de la organización, muy pocas veces tenía el tiempo necesario para escombrar los papeles y estudiar los libretos de su próximo éxito. Su habitación era su lugar de paz, su recinto, su templo; su lugar preferido era sin duda el jacuzzi, le fascinaba preparar la tina con el agua a una temperatura semicálida, contar con algún bocadillo en la orilla y tener su música favorita de fondo, o como ella lo llama, el soundtrack de su vida.
Sin embargo, un día, mientras disfrutaba de esta rutina, algo inusual se suscitó. La temperatura del agua comenzó a descender abruptamente, pronto la comodidad se convirtió en escalofrío. Salió temblando del agua, tomó una de las toallas que se encontraban en un pequeño banco a lado y envolvió su bronceada piel con ella. Algo extrañada se dirigió a revisar el calentador, todo parecía funcionar bien. Regresó al baño con el ceño algo fruncido, se inclinó para abrir la llave de agua caliente y de reojo, en el fondo de la tina, observo la figura fantasmal de una chica totalmente desnuda, con una expresión de dolor en su rostro, alzando los brazos como si quisiera alcanzarla. El sobresalto hizo que Jessica diera un grito apagado y cayera de espaldas sobre el suelo. Tardó un par de minutos en recuperarse de la impresión, se apoyó en el lavamanos para incorporarse y aún con algo de miedo recorriendo su espalda, hecho un temeroso y lento vistazo al jacuzzi; nada, nada fue lo que encontró, solo el verdiazul fondo de porcelana.
Se encaminó a su habitación con la incredulidad golpeando en su cabeza, tratando de encontrar cualquier explicación razonable a la visión que acababa de presenciar. En un tono burlón se dijo a sí misma:
-Jessica, ya viste que no fue buena idea ver esa película de terror y trabajar hasta tarde, no es la mejor combinación-. De alguna manera ni ella misma creía sus palabras, pero le dieron el pretexto que buscaba para no seguir pensando en el incidente. Sin dar vuelta atrás a la hoja se alistó para salir a su trabajo.
Una semana después, durante la noche, ella preparaba una fastuosa cena, sus padres estarían de visita en pocas horas y pretendía agasajarlos con una receta italiana. Mientras revisaba la olla donde colocó la pasta, un impulso extraño la hizo voltear a la ventana que tenía justo enfrente de ella. Ahí estaba de nuevo, en el reflejo del cristal se apreciaba la figura desnuda de la chica de la tina, su cara estaba algo cubierta por su larga cabellera negra, y al igual que su cuerpo, mostraba numerosas laceraciones y quemaduras. En esta ocasión Jessica tuvo un par de segundos más para grabar su rostro. De pronto, aquella visión se abalanzo sobre ella, la reacción de Jessica fue girar rápidamente y durante el movimiento tiro la cacerola con la salsa para la pasta. Una vez más el silencio se apoderó de la habitación. Un nuevo sobresalto vino cuando tocaron a la puerta, dudó un instante mientras observaba la gran mancha roja que había sobre la pared y el suelo, una mancha muy parecida a la sangre.
A la puerta se encontraban sus padres que se habían adelantado en el viaje, la encontraron algo consternada, pero al tratar de averiguar el motivo ella solo se limitó a decir que todo estaba bien, que había derramado la salsa y se encontraba algo cansada. La noche transcurrió normalmente, con algunas bromas por parte de su padre, reclamos de escasas visitas por parte de su madre, recuerdos de su niñez, todo parecía estar olvidado, sin embargo, el rostro angustiante y sumergido en el dolor de aquella chica seguía muy presente en su memoria.
Una semana después, con motivo del cumpleaños de Lizbeth, su mejor amiga del trabajo, daba una “pequeña” reunión en su piso. Más gente de la que había calculado se había reunido aquella noche en su casa. En realidad muchas caras le eran desconocidas, aunque eso no importaba, ella solo estaba concentrada en una: la de la espectral y doliente chica que la acosaba hasta en sus sueños. De alguna manera se sentía familiarizada con esa cara, pero sus esfuerzos por hacer memoria eran poco fructíferos.
La fiesta seguía a su alrededor, gente yendo y viniendo por todos los espacios de su departamento, ella solo se quedaba inmóvil y pensativa en su sillón rojo, con los ojos puestos en el bajo relieve del piso cerámico, era como si el tiempo se detuviera en torno a ella. De pronto, levanto su mirada dejándola fija sobre la multitud que se movía al ritmo de la música; ahí estaba de nuevo, en medio de la sala se encontraba aquella desnuda y magullada mujer. Los invitados pasaban a su lado sin prestarle atención como si no estuviera ahí, pero lo estaba, Jessica podía verla tan vívidamente como a cualquier otra persona en su apartamento.
Aquella figura comenzó a desplazarse hacía Jessica, las piernas no se movían y los pies parecían no tocar el suelo, como si flotará. Mientras, el cuerpo de Jessica parecía haberse desconectado de su cerebro ya que no le respondía, quería gritar pero el sonido se regresaba por su garganta hasta llegar a su estómago apagándose en sus entrañas, quería levantarse y salir corriendo pero sentía que sus extremidades estaban adormecidas. Lo único que podía hacer era mantener sus cobrizos y avellanados ojos, puestos sobre la sepulcral chica que seguía acercándose a ella.
Al fin estaba justo enfrente de ella, su corazón latía con tal fuerza que sintió que se saldría de su pecho y se iría corriendo a un lugar seguro. La fantasmal joven se inclinó hacia ella hasta quedar cara contra cara, Jessica podía percibir su gélido aliento en sus mejillas y con cada respiro sentía que el alma misma la abandonaba. Cuando creía que no podía estar más atemorizada, los pútridos labios de la desnuda mujer gesticularon las siguientes palabras:
-¡No puedes escapar!-. El vacío en su voz y su mirada acabaron con las fuerzas de Jessica que terminó por desmayarse ante el desconcierto de los ahí presentes.
Cuando entreabrió los ojos aún se sentía algo desorientada, una mujer mayor con cubre bocas se encontraba parada a lado de la cama donde yacía, la escucho formular una frase pero le resulto incomprensible por el mareo. Del otro lado de la cama distinguió la silueta de un hombre, hizo un esfuerzo por enfocar mejor a aquel borrón, cuando la imagen se aclaró se llevó una grata e inesperada sorpresa: era su padre.
-Hola cariño, ¿Cómo te sientes?-. Dijo con voz suave.
-Mmmm…..¿Dónde estoy?-. Balbuceó Jessica mientras se enderezaba en la cama.
-En una clínica-. Su padre se incorporó de la silla y se acercó a ella. -Parece ser que te desmayaste en tu departamento anoche mientras estabas en una fiesta, ¿Qué fue lo que paso hija?-
-No me acuerdo bien, solo recuerdo que estaba ahí pasando un buen rato con mis amigos-. Mintió ella.
-Estoy preocupado Jessica, me asusta que de nuevo tengas tus episodios de pérdida de memoria, creo que deberías llamar al doctor A…-
-No necesito a ningún doctor papá-. Interrumpió ella con un gesto un tanto molesto. -No he tenido ningún problema relacionado a eso en más de 10 años, solo estoy algo cansada y presionada por el trabajo, eso es todo, lo más seguro es que se me hayan pasado un poco las copas-
Su padre no emitió ningún otro comentario, solo se inclinó hacia ella y le tomo la mano, parecía algo triste.
-Te agradezco que te preocupes papá, pero de verdad todo está bien, ¿Y mamá está aquí?-. Jessica sentía algo de culpa al estar ocultándole la verdad a su padre, pero pensó que lo mejor era no darle ningún sobresalto, al final ni ella misma sabía con exactitud lo que estaba pasando.
-No ella se quedó en casa, no creí necesario que me acompañara, además ya sabes que no le gusta viajar tanto tiempo en auto-. Dijo su padre con un gesto burlón.
-Sí, me doy cuenta que hay cosas que no cambian ¿Cierto?-
-Cierto-. Al fin una sonrisa se dibujó en el rostro de ambos, sin embargo, daba la impresión de que era más un gesto forzado por parte de ambos que una reacción natural.
En un par de horas Jessica se encontraba ya de nuevo ante la puerta de su apartamento, pero sentía miedo con el solo hecho de pensar en estar ahí sola de nuevo. Algo no encajaba, sentía una terrible y electrificante sensación recorriendo su espina dorsal. Ella nunca se ha considerado una persona supersticiosa o creyente de lo que muchos llaman situaciones paranormales, pero de alguna manera son los hilos del miedo los que la controlaban como si fuera una marioneta. Decidió telefonear a Lizbeth y consiguió convencerla de que la aceptará en su casa por el fin de semana. Jessica no dio muchos detalles, solo que no quería estar sola después de lo sucedido en la fiesta.
El fin de semana pasó sin contratiempos, y a decir verdad, un tanto rápido. El lunes, ya de regreso a la realidad, Jessica prefirió pasar un rato por el teatro con el pretexto de revisar algunos guiones para sus próximas representaciones, cualquier excusa era buena para no tener que regresar a su apartamento, incluso le saltó la idea de quedarse a dormir ahí en el foro, pero bien sabía que eso le sería imposible. Con esta idea en la cabeza regresó a su piso, ahí estaba de nuevo, frente a la puerta con el número 501. Sacudió la cabeza e hizo un gesto de molestia “-No es posible que no pueda siquiera entrar a mi propia casa, esto es absurdo-” pensó. Armándose de un falso valor giró la llave y entro a su departamento. Todo estaba tranquilo, la tenue luz del atardecer se escurría por entre las cortinas de la sala formando sombras y figuras góticas sobre el frió piso cerámico.
Después de una deliciosa cena a base de pizza y cerveza, se levantó a lavar su plato. Mientras enjabonaba los trastos noto que el agua se estancaba en al coladera. Intentó forzar el flujo del agua con un tenedor pero fue inútil.
-¡Qué bien, lo que faltaba, que esta tonta tubería se haya tapado!-. Su expresión parecía reclamarle al viento mismo el que no pudiera disfrutar de una noche de paz. Se inclinó para abrir una gaveta debajo del lavaplatos y saco una pinzas algo oxidadas.
Al contar con un padre mecánico y una madre florista, Jessica era muy diestra para las labores manuales, pensó que era una gran ventaja tener conocimientos básicos de plomería ya que eso le ahorraría un par de billetes. Giro la llave hasta que la tuerca de la tubería se aflojó por completo. Con su mano derecha enguantada hizo una rápida inspección al interior de la cañería, no encontraba nada que estuviera obstruyendo el paso del agua. De pronto sus dedos encontraron un objeto pequeño, y este mismo objeto estaba amarrado a uno más largo, dio un tirón fuerte y logró recuperarlo. Se enderezó e inspeccionó el brillante artículo que tenía en sus manos, era una cadena de oro delgada y de su mitad colgaba un corazón también de oro. Parecía tener algo grabado así que lo remojó un poco y lo limpió con una servilleta, lo que leyó le dejo algo consternada, era un nombre: Alma.
Sentada en un banquillo de la cocina, y sosteniendo el accesorio sobre su mano derecha, Jessica estaba confundida, no lograba recordar a alguien con ese nombre, y mucho menos se lograba explicar cómo es que aquel dorado y pequeño corazón había llegado al desagüe de su lavaplatos. Repasaba rostros en su cabeza, ¿alguien del trabajo quizá?, no, ella conocía muy bien a todos sus compañeros y nadie que recordará tenía ese nombre. ¿Un vecino tal vez?, eso era improbable, desde que se había mudado hace ya dos años no se había dado a la tarea de conocer a los demás inquilinos del edificio. Las mayores conversaciones que había llegado a sostener con otras personas del lugar se acotaban a simples “Hola”, “Buenos días”, “Que tal”. Esto no era provocado por antipatía de su parte, simplemente se debía a que el trabajo no le permitía estar mucho tiempo en casa.
En el justo momento se le vino a la cabeza María, la hija del encargado de mantenimiento del edificio y con la cual había establecido, más que una amistad, una relación de negocios. María le ayudaba al aseo de su casa de vez en cuando desde hace un año, así que era probable que si existía una chica llamada Alma en el complejo, ella la conocería.
Jessica se limpió las manos y guardo el pequeño objeto dorado en la bolsa trasera de su pantalón, tomó un abrigo del perchero de la entrada y salió de su apartamento. Se encamino por el pasillo hacia el elevador, en su camino una ráfaga de viento gélido se estrelló contra su cara y la hizo perder un poco el paso. Tenía la sensación de ser observada desde atrás, pero prefirió no voltear y acelerar su andar hasta llegar al cubo metálico.
Una vez en la planta baja, las puertas del elevador rechinaron al abrirse, Jessica venía distraída observando el flamante accesorio y al alzar la mirada se llevó un susto al ver frente a ella una figura en medio de la obscuridad del pasillo, era María. Aun recuperándose un poco del sobresalto Jessica la abordo:
-Hola María, justamente te estaba buscando-. Dijo con agitación, mientras se guardaba en su abrigo el dije encontrado en la tubería.
-Dígame señorita, ¿necesita que mañana vaya a su departamento?-. La voz de la jovencita sonaba con mucha inocencia, propia de sus dieciséis años.
-No, no es eso, solo quiero saber si tú conoces a alguien llamada Alma aquí en el edificio-
-Mmm…¿Alma?-. Vaciló un instante la niña. -El nombre no me suena, pero yo solo llevó viviendo aquí un año, probablemente mi padre pueda ayudarla, el conoce a cada persona que entra y sale de este lugar-
-Ah ok, ¿y está tu papá en casa?-. Jessica sonaba algo desesperada
-Sí, justo acaba de regresar-. La pequeña rubia dio media vuelta y se encamino hacia el final del pasillo. Jessica le siguió el paso hasta llegar a una puerta un tanto vieja y maltratada por la humedad.
-¡Papá!-. Grito María. -La señorita Jessica te busca-. Y sin esperar ninguna contestación del fondo de la habitación, la niña retomó su camino sin decir otra palabra. Jessica se le quedo observando mientras la jovencita se alejaba a saltos por el pasillo.
-Si dígame, ¿en qué puedo ayudarla?-. Don Joaquín estaba parado ya en el umbral de la puerta, su aspecto era algo misterioso, más bien funesto, llevaba puestos unos pantalones manchados de aceite y un suéter negro que realzaba sus profundos ojos verdes y su cabello plateado.
-Uh….-. Jessica vaciló un instante, aún no se sobreponía del susto. -Buenas noches Don Joaquín, perdone la hora pero quisiera preguntarle algo-
-Claro adelante, pero no te quedes ahí en la puerta muchacha, pasa-. Don Joaquín se dirigió al interior de su casa, un lugar un poco desordenado y obscuro.
-Umm, ¿usted sabe si alguna inquilina del edificio se llama Alma?-. Cuando Jessica escucho su propia pregunta en su cabeza le pareció ridícula, pero aun así tenía la curiosidad escrita en la frente.
-¿Alma?-. Musitó Don Joaquín. -¿Alma?…..¡Alma!-. Su expresión sonó como si hubiera ganado la lotería. -Ya la recuerdo, si claro, una jovencita de lentes y cabello largo, algo tímida pero muy bonita, ¿por qué lo preguntas?-
-Verá, me he encontrado esto en mi apartamento-. Jessica metió la mano a su bolsillo y le extendió la mano al viejo encargado mostrándole el collar.
-Oh, ya veo-. Por alguna extraña razón el tono de aquel hombre sonaba muy tranquilo, lo que para Jessica era uno de los sucesos más extraños de su vida, para Don Joaquín parecía algo previsible. El viejo se dio la vuelta y comenzó a buscar algo entre la pila de papeles que había sobre una mesa. Jessica miraba sobre su hombro tratando de descubrir tanto misterio.
-Aquí esta-. Don Joaquín saco una hoja doblada y maltratada e inmediatamente se la ofreció a la joven actriz. Extrañada tomó la hoja y la abrió. Lo que vieron sus ojos la golpeo como una ola que golpea la playa. Era la fotografía en blanco y negro de una joven de cabello largo y gafas, aparecía con un gesto tímido y de su cuello colgaba el pequeño corazón dorado con su nombre. Jessica inmediatamente la reconoció, era la fantasmal chica que la había estado atemorizando en los últimos días, no había duda en eso, debajo del retrato se podía leer la leyenda con letras grandes “DESAPARECIDA”.
-Ella se mudó aquí hace dos años, pero después desapareció, nadie jamás la volvió a ver-. Las palabras de Don Joaquín parecían clavos sobre los oídos de Jessica. Aún sin salir de su asombro arrugo la hoja de papel sobre sus manos y salió corriendo de aquel lugar.
-¡Señorita!, ¿qué sucede, se encuentra bien?-. Probablemente la interrogante del viejo Joaquín, que se quedó recargado en su puerta, no llego a Jessica, que para ese momento se encontraba ya cerca de tomar el elevador.
A tras pies abrió la puerta de su casa y entró corriendo al baño sin tomar la precaución de volver a cerrarla. Dentro del aseo Jessica se recargo sobre el lavamanos, su estómago estaba revuelto, quería regurgitar pero no podía. Giro las perillas y el chorro del agua salió del grifo con mucha fuerza. Enconcho sus manos debajo del fluido y espero a que se acumulara lo suficiente, se inclinó y con un movimiento rápido aventó el líquido a su insoportablemente bello rostro. Se mantuvo así unos cuantos minutos, con el agua escurriendo por su cara mientras pensaba “-¿Por qué yo, por qué a mí?-“. Cerró las llaves y se incorporó.
El temor se apodero de ella al ver en el reflejo del espejo a la desnuda y fantasmagórica Alma, estaba ahí, a escasos centímetros de ella. La aparición se acercó un poco más a Jessica y con un susurro casi imperceptible de sus labios le dijo:
-Yo te ayudaré a recordar-. Al término de estas palabras, Jessica se desvaneció sobre verde suelo de su baño. Mientras caía, imágenes y recuerdos se iban acumulando en su cabeza.
“Fue hace dos años cuando sucedió todo, Jessica estaba empujando un pesado librero hacia el elevador en lo que sería su nuevo hogar. Una chica, envuelta en un abrigo rojo y usando unas gafas grandes, se ofreció a ayudarla.
-Hola, ¿necesitas una mano?-. Preguntó tímidamente Alma
-No me caería nada mal-. Contestó Jessica jadeando.
-¿Eres nueva?-
-Podría decirse que sí, en una semana me mudo aquí, por ahora estoy acomodando algunos muebles para dejar todo listo-
-Que bien, yo también me acabo de cambiar, estoy en el tercer piso, ¿y tú?-
-Quinto-. Dijo Jessica con un aire de presunción.
Después de haber entablado una amena y rápida conversación en el elevador y de haber arrastrado el mueble por el pasillo hasta la puerta 501, Alma comentó:
-Pues creo que eso es todo, me despido entonces, muchas felicidades por tu nueva casa y mucha suerte con tu negocio, por cierto me llamo Alma-
-Mucho gusto Alma, yo soy Jessica-. Alma sonrió y se encamino de nuevo hacia el cubo de metal. A medio pasillo Jessica le grito mientras se dirigía a ella:
-Oye, me gustaría invitarte a cenar el próximo lunes-. Una vez cerca de la tímida chica continuó. -¿Qué dices?, es una forma de recompensar el que me hayas ayudado, además así podemos conocernos mejor-
Alma dudo un instante. -Está bien, pero yo traeré el postre ¿de acuerdo?-. Jessica asintió y se despidieron
El lunes siguiente la joven actriz se encontraba en su cocina picando algunas especias cuando llamaron a la puerta. Era Alma, sin embargo, en su rostro se apreciaba un gesto incómodo y de temor.
-Pasa-. Dijo Jessica. -Ven, aún estoy preparando la cena, quizás puedas ayudarme-. Se dirigió a la cocina sin saber si Alma le seguía.
-Jessica, tengo que contarte algo, y debo decir que es bastante penoso ya que creo que eres una buena chica-. La voz de Alma sonaba tambaleante.
-Dime, con confianza-. Jessica no desatendió sus labores
-Como tú sabes, yo trabajo en una biblioteca, el otro día me encontraba organizando unos viejos diarios y me topé con una noticia que llamó mi atención, trataba del asesinato de un joven en una Universidad del pueblo vecino, esto no tendría nada de extraordinario de no ser porque en la nota aparece una foto tuya y se comenta que ese joven era tu novio-. Al decir esto, Jessica dejo de cortar y en sus ojos se dibujó el temor. Alma continuó hablando. -No te estoy acusando de nada, pero quiero que entiendas que es bastante sospechoso que al día siguiente del asesinato huyeras del lugar. Jessica, creo que eres una gran persona pero supongo que entenderás si no me quedo a cenar-
El miedo que Jessica sentía, pronto se transformó en ira, apretó con fuerza el cuchillo que sostenía en su mano y dijo sin voltear:
-Si Alma, te entiendo, tú debes de hacer lo correcto para ti, de la misma manera que yo debo hacer lo mejor para mí-
Dicho esto se giró con violencia y se abalanzo sobre la indefensa bibliotecaria. Durante el forcejeo, el collar de Alma se quebró y voló hasta el lavaplatos. Trató de defenderse lo más posible, pero cada apuñalada le restaba fuerzas, pronto ya no hubo más lucha de su parte. Su cuerpo inerte se encontraba sobre el suelo sobre una prominente mancha de sangre.”
Una voz a lo lejos la hizo regresar de su estado inconsciente, con un rápido movimiento se incorporó del suelo. A su lado se encontraba el señor Joaquín.
-¿Se encuentra bien señorita?-. Dijo el anciano con un tono familiar.
-¿Qué paso?-
-No lo sé, yo vine hacia aquí para saber cómo estaba, cuando llegue la puerta estaba abierta así que me tomé la libertad de pasar, la encontré tirada en el suelo del baño, ¿qué le sucedió?-
Jessica aún se encontraba algo desconectada, salió del aseo dando algunos tumbos en la pared y se encaminó a la cocina, Don Joaquín la siguió hasta el marco de entrada. Ella tomo un vaso y lo lleno de agua con tanta agitación que el líquido se desbordaba del envase de cristal.
-Disculpe señorita-. Dijo finalmente Joaquín rompiendo el silencio. -Probablemente no sea el mejor momento, pero hay algo importante que debo comentarle-
-Hable, con confianza-. Dijo Jessica secándose los labios con la manga de su abrigo.
-Verá-. Titubeó el viejo. -Hace dos años yo vi cuando la señorita Alma la ayudo con sus muebles, y fui testigo también cuando ella entro a su departamento un lunes por la noche, el mismo lunes que ella desapareció-. Jessica sintió una rabia indescriptible al escuchar las palabras del encargado de mantenimiento. -En su momento no dije nada porque…..la verdad ni sé porque, creí que todo era una coincidencia, pero hoy al ver el collar de esa joven en sus manos creo que se aclaró todo, espero me entienda señorita Jessica, pero debo hacer lo correcto y llamar a la policía-
Jessica se recargo sobre la barra de la cocina, el miedo, el nerviosismo y la ira se apoderaban de ella, sobre el mueble vio el cuchillo de su visión, extendió la mano y lo sujetó con firmeza, entonces se giró hacia Joaquín y le dijo en tono de sarcasmo:
-Si Alma, te entiendo, tú debes de hacer lo correcto para ti, de la misma manera que yo debo hacer lo mejor para mí-
Tras estas palabras dio un brinco hacia el anciano, el cual no tuvo oportunidad alguna de defenderse contra las muchas acometidas que ella le propinaba con el afilado metal. Con cada puñalada, la mente de Jessica se tornaba blanca, hasta que en un determinado momento se obscureció totalmente.
El rugido de un rayo la despertó, trató de reconocer el lugar donde yacía con la mirada, en seguida se dio cuenta que se encontraba sobre su cama. Se incorporó hasta quedar sentada y dio otro rápido vistazo al lugar envuelto en la penumbra. Detuvo el movimiento de su cabeza cuando divisó una corpulenta figura en el umbral de la puerta.
-¿Estas bien cariño?-. Sonó la voz.
-¿Papá?….¿Eres tú?-. Dijo Jessica con cierta incredulidad.
-Si pequeña, no te preocupes, todo va a salir bien, siempre encontramos la manera de salir adelante ¿no es cierto?-
-Yo….no entiendo…..no sé……-. La actriz hablaba con torpeza y temor.
-Relájate tesoro, lo sé todo-. El tono de su padre reflejaba la calma que siempre viene después de una tormenta. -Siempre lo he sabido todo, lo de tu novio, lo de Alma, y ahora lo del viejo en tu cocina. Recuerdo cuando sucedió lo de Thomas, me llamaste por teléfono diciendo que habías hecho algo muy grave, cuando llegué a tu escuela y vi el escenario me entró un pánico terrible, no por lo que habías hecho, si no por el castigo que te esperaba si te atrapaban, no podía permitirlo, eres mi hija, y todo padre debe proteger a sus hijos. Así que te di todo el dinero que cargaba en ese momento y te pedí que te fueras a la casa de campo de tus abuelos, ahí me esperaste dos días en lo que yo deshacía la evidencia. Pensé que todo iba a resultar bien hasta que esa pobre chica te reconoció del periódico, tonta, hubiera sido mejor no decirte nada y ve como término. Y ahora, bueno supongo que de nuevo habrá que prender la chimenea para deshacernos del cuerpo, no te preocupes por la cocina, ya la he limpiado. En esta ocasión ya no podemos esconder más las cosas querida hija, me temo que tendrás que dejar este departamento y empezar de nuevo en otro lugar. No me preguntes nada, es natural que no recuerdes que te ayude en las ocasiones anteriores debido a tu padecimiento, con suerte olvidarás esto también, dichosa tú-
Los bellos ojos de Jessica se enrojecieron y comenzaron a llenarse de lágrimas. Su padre se sentó a su lado y la tomó de la mano y le dijo:
-No temas cariño, todo estará bien. Ten, toma esto-. Le extendió su otra mano y le entregó un fajo de billetes. -Ve a la estación de trenes y compra el boleto al destino más lejano que encuentres, busca un lugar donde hospedarte y transcurridos tres días llámame para saber de ti, cuídate mucho Jessica, ahora vete-
Sin comprender en su totalidad lo que estaba pasando, Jessica se levantó y al llegar a la puerta giró y le dijo en medio de un sollozo a su padre:
-Te quiero papi-
-Y yo a ti cariño-
Ahora, viajando en el asiento 3A del quinto vagón, Jessica intenta deshacerse de sus recuerdos, recuesta su larga y castaña cabellera sobre el respaldo y observa por el cristal la obscura noche que se levanta a los costados del tren. Cierra por un momento los ojos y una sonrisa se dibuja en sus delgados labios. No, ya no es el miedo lo que la domina, es la esperanza, la esperanza de comenzar una nueva vida en otro lugar, la esperanza de comenzar todo…..de nuevo…..
COLABORACIÓN DE: DarkWolf
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